El romance de nuestro café con el expreso

El romance de nuestro café con el expreso

La variedad arábiga de Colombia se ha convertido en la pareja perfecta de la bebida italiana.

La variedad arábiga de Colombia se ha convertido en la pareja perfecta de la bebida italiana.

Alguna vez en el mundo del café se creyó que el suave y célebre grano colombiano no servía para hacer expreso. Se asociaba como óptimo, con toda su fama y calidad, para elaborar solo bebidas de café filtrado.

Sin embargo, la ruptura de ese paradigma, que se cultivó por décadas en el siglo XX, ya es un hecho. El reciente Campeonato Mundial de Baristas –de expertos preparadores de café– lo demostró, cuando el estadounidense Pete Licata ganó en Melbourne (Australia) el máximo trofeo al preparar un expreso, un capuchino y una bebida de su autoría con un café del Huila cultivado por el campesino Arnulfo Leguízamo.

La primera bandera

No es la única pista de este reciente romance entre el expreso –originario de Italia– y nuestro grano, que es en su totalidad de variedad arábiga. La primera bandera la puso William Davis, campeón mundial de barismo en el 2009, que usó un café venido del Huila, sin mezcla.

El uso de la variedad arábiga era casi inconcebible en la preparación del expreso. Para explicarlo, el barista y exportador de cafés especiales Luis Fernando Vélez, de la compañía Amor Perfecto, se remonta al origen de esta bebida, “que nació de un sistema de preparación que buscaba preparar café al momento”, por lo que fue desarrollada la máquina de expreso, a comienzos del siglo pasado.

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