‘Sí hay recursos contra el fallo de La Haya’: Rafael Nieto Navia

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Miembro de la comisión asesora habla de las relaciones con firma que construirá canal interoceánico.

¿Usted sabía que la compañía gringa McLarty, de la que su yerno es gerente y socio, asesora al chino Wang Jing, contratado para construir el canal de Nicaragua?

No sabía.

Le creo. ¿Pero ahí no hay una cruzada de cables? Usted es asesor de Colombia en su defensa contra Nicaragua…

Aparentemente, pero no. Según me dijo mi yerno, Stephen Donehoo, el contrato de asesoría no es con ningún gobierno, sino con la compañía del chino. Ahí no hay manera de cruzar nada. Le di al periodista de Semana el teléfono de mi yerno para que hablara con él y lo verificara. No solo no lo llamaron, sino que, cuando escribió el artículo, puso un link a la lista de regalos de boda de mi hija. Eso fue con mala intención.

La coincidencia de que su yerno asesore a los constructores del canal sí amerita unas preguntas…

Está bien. Me hicieron las preguntas no solo en Semana sino por la radio, y las contesté. Pero yo no podía declararme impedido por un hecho que desconocía.

Por cuenta de esto, ¿renunció a la comisión asesora del Gobierno?

A mí me nombró el Gobierno en noviembre y firmé el contrato en abril, con duración de tres meses. Así que no puedo renunciar a un contrato que ya terminó.

¿Su yerno no sabía que usted asesoraba al Gobierno colombiano en el tema? Ese es un hecho público…

¿Hecho público para una persona que trabaja y vive en Washington lo que sucede en Colombia?

Es que precisamente usted ha sido uno de los que más han sostenido que ese canal no es viable. ¿No resulta irónico que su yerno asesore un canal que no se puede construir?

He dicho públicamente, apenas surgió la tesis de Noemí Sanín al respecto, que los nicaragüenses están detrás del canal hace más de un siglo. Lo veo poco factible. Se extendería sobre más de 200 kilómetros y la mitad va por un lago que hay que dragar, porque tiene entre 10 y 15 metros de profundidad. Habría servido a principios de siglo. Hoy no, porque hay barcos de gran calado de entre 20 y 30 metros que necesitan 40 metros para poder navegar.

Si fuera imposible, ¿estaría metido como asesor un hombre como Mack McLarty, ‘exchief of staff’ de Clinton y miembro del Diálogo Interamericano?

No me interesa ni lo que están haciendo ni lo que piensen con respecto al canal, si es factible o no. Yo lo veo utópico. Además, porque va a entrar en operación la ampliación del de Panamá. Pero eso no quiere decir que no lo puedan hacer.

Usted no lo ve factible, pero su yerno sí…

Ese es otro tipo de negocio. Lo que su compañía hace es asesorar a las empresas para que, al hacer sus negocios, no se equivoquen. Por eso los llama la compañía china: para que el día que cierren su contrato, sepan qué es lo que están haciendo.

La compañía holandesa Royal Haskoning, asesora de los estudios del canal desde el año pasado, conceptúa que este es perfectamente factible y que hay que estudiar, sí, los impactos ambientales.

Insisto en que no lo veo factible.

¿Ya habló con la Canciller acerca de este ‘impasse’?

Hasta esta entrevista, no. La llamé el jueves cuando salió la publicación de Semana. No estaba en Bogotá. La vi por televisión diciendo que el Gobierno tuvo y tiene plena confianza en Rafael Nieto, lo cual le agradezco mucho. Lo haré cuanto antes, porque con ella tengo deberes de consideración y respeto.

¿Y con los demás miembros de la comisión asesora del Gobierno?

Eso sí. Me reuní con ellos el mismo jueves por la tarde. Conversamos el tema. El informe que hicimos se adoptó por unanimidad a principios de mayo. A ellos les dije: “Supongo que ustedes habrán notado cómo apoyo a Nicaragua aquí”. ¡Probablemente he sido el más duro respecto de la decisión de la Corte!

Si se volviera a integrar esa comisión, ¿usted ya no estaría?

Lo pensaría, pero me inclino más por el no. Esto da más dolores de cabeza que ventajas. Un poco de modestia aparte, tengo mucho que aportar en este tema.

No lo dudo. Y más ahora, ante la petición nueva de Nicaragua de prolongar la plataforma continental que, de prosperar, llevaría a una cosa tan grave como enclavar a San Andrés por el oriente…

Por supuesto. Nicaragua ha pedido a la Comisión de Límites de Plataforma Continental de la ONU que le amplíe la suya a 350 millas náuticas.

Pero Colombia no ha ratificado la Convención del Mar, a la que pertenece esa comisión…

Es cierto. La competencia de la Comisión deriva de esa convención. Y a menos que todas las nociones que conozco del derecho internacional hubieran pasado de moda (algunas de las cuales las golpeó la propia Corte de La Haya con su sentencia), los tratados no obligan a terceros Estados. Por lo tanto, esa comisión no tiene competencias sobre Colombia.

¿Cómo se explica entonces que algunos expertos propongan que Colombia ratifique esa Convención del Mar?

Me opuse a eso desde que se discutió en los 80. He seguido sosteniendo que no. Ahora sí que menos.

Ante eso, ¿Colombia ya se movió?

El Gobierno presentó una nota ante el Secretario General de la ONU en la que dice que no aceptará ninguna determinación de la Comisión porque Colombia no es parte de ella.

Pero la Comisión aceptó ya la solicitud de Nicaragua…

Sí. La va a considerar en enero del año entrante. Se demora 10 años en tomar una determinación sobre eso.

Todos los plazos se cumplen…

Se cumplen. ¿Qué es lo que Colombia debe hacer? Vengo hace rato haciéndoles una crítica a los gobiernos de Colombia desde mediados de los 90. Desde ese entonces propuse, con el asesor francés Prosper Weil, que se denunciara el Pacto de Bogotá. Me respondieron que eso lo había ratificado el presidente Carlos Lleras, que él quería mucho ese pacto y que, por lo tanto, no podíamos hacerlo. Así no se pueden manejar las relaciones exteriores. ¿Y ahora por qué nos vamos a poner en manos de la Convención del Mar para que tome una decisión como la que tomó la Corte de La Haya?

¡Eso no tiene ningún sentido!

Frente a la Corte

Las estrategias que le quedan a Colombia

Dígame la verdad. ¿Tenemos alguna esperanza contra el fallo de La Haya?

En poder del Gobierno hay en este momento tres informes. El nuestro, el de Volterra Fietta y el de Arnold & Porter. El Gobierno tendrá que comparar qué dicen. Hay muchas coincidencias.

¿Para modificar el fallo?

Es inapelable. Pero quedan los recursos de interpretación y el de revisión. El primero es para que la Corte explique las diferencias de interpretación entre Colombia y Nicaragua. El segundo depende de la aparición de un hecho nuevo. La Corte no es amiga de esas solicitudes. Se entra con una carga muy complicada por ese camino. Lo que no quiere decir que no se deba intentar. Mi posición personal es que el Gobierno debería elaborar una demanda de interpretación, con el propósito de mostrarle a la comunidad internacional en qué se equivocó la Corte, para dejarla mal. Porque la sentencia tiene problemas jurídicos muy complicados.

¿Y para el recurso de revisión es alegable el contrato del canal?

El recurso es alegable, pero no por lo del canal, sino por otro motivo que no puedo explicar.

¿Es cierto que la Corte está brava con Colombia porque ni al Gobierno ni a los colombianos nos gustó el fallo?

No por eso. Están molestos por las acusaciones de Noemí Sanín contra la juez china.

La doctora Noemí no hace parte del Gobierno…

Pero está en la Comisión de Relaciones Exteriores y fue Canciller. Ellos saben más de lo que uno cree.

De pronto lo que no sabe la Corte es que este es un país democrático y que la doctora Noemí y el exministro Ceballos son libres de pensar lo que quieran del canal y expresarlo…

Por supuesto. La Corte sabe eso. Pero el tema de la juez china los afectó y a ella con mayor razón; pero ya no le echan la culpa al Gobierno, que era lo grave.

¿Por qué el Gobierno debe disimular su disgusto con el fallo?

Es natural que un Gobierno reaccione cuando lo golpean de esa manera. Siempre he creído en la justicia internacional, pero debo confesar que estoy un poquito desilusionado con la sentencia de Colombia.

¿Un poquito?

Mucho.

Supongo que, además de razones jurídicas, hubo muchas políticas…

No puedo hablar de eso. Solo le cito el ejemplo del fallo de La Haya sobre las actividades militares y paramilitares de EE. UU. contra Nicaragua. Ahí hubo mucha política metida en la Corte para decidir que EE. UU. no tenía la culpa, pero lo obligaron a indemnizar por el minado del golfo de Fonseca.

¿Las razones políticas no son suficientes para irnos contra el fallo?

No tengo pruebas de eso. Desafortunadamente, no tengo libertad para contar ciertas cosas, pero recuerde que yo viví siete años en La Haya y conozco el medio. Soy amigo personal de Carlos Argüello, el agente de Nicaragua. Eso tampoco da pie para decir que yo esté defendiendo los intereses de Nicaragua.

El señor Argüello lleva más de 23 años en La Haya garantizando la continuidad en todo el proceso.

Llegó en el año 88 y sigue ahí todavía como embajador. Mientras estuve en La Haya, entre el año 1997 y el 2003, hubo tres o cuatro embajadores de Colombia. Hay diferencias de estrategia. ¿La gente que mandaron, pregunto yo, era competente para estar en el medio donde se toman las decisiones?

¿Colombia no se tomó muy en serio esto?

Sí se lo tomó en serio. Pero del fallo de La Haya tienen culpa los abogados extranjeros, no el equipo colombiano. En alguna oportunidad expresé dos opiniones. Que había que defender el meridiano 82 a como diera lugar, sin importar que la Corte hubiera dicho que no era límite. Decir que no nos movíamos de ahí. Colombia se corrió de eso en los escritos finales para presentar una línea media, lo que en mi opinión fue equivocado.

Sugerí también decirle a la Corte que no podía tocar el tratado de límites marítimos entre Colombia y Honduras. No estoy revelando secretos. Mi opinión está publicada. Los abogados no quisieron hacer eso. Cuando leí la sentencia constaté que fueron dos fallas terribles de la defensa colombiana de las que no se puede culpar a los agentes colombianos, que estaban ahí acompañados por unas abogadas de la Cancillería, etc. O a Julio Londoño, que no es abogado. Ni a Fernández de Soto, que llegó tarde.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL Tiempo

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