‘Fallo de La Haya tornó zona de paz en zona de conflicto’: Pastrana

Pastrana confirmó que prepara un libro de memorias sobre los hechos políticos que ha vivido. Foto: Mauricio Moreno / EL TIEMPO

Pastrana confirmó que prepara un libro de memorias sobre los hechos políticos que ha vivido. Foto: Mauricio Moreno / EL TIEMPO

Habló con María I. Rueda del proceso de paz, el litigio con Nicaragua y el caso de Chiquita Brands.

¿Qué falló en La Haya?

El fallo claramente se alejó de los principios fundamentales del derecho del mar y de la jurisprudencia internacional. Se dividió el archipiélago. Pero lo más criticable de este fallo es que convirtió una zona de paz en una zona de conflicto. Los tribunales internacionales no están hechos para generar conflictos, sino para resolverlos.

Pero el fallo fue por unanimidad, aunque una juez china dejó unas salvedades…

Importantísimas. La juez Xue declaró: “(…) La Corte inapropiadamente restringió las proyecciones costeras de las islas colombianas, en contra de aquellas de terceros Estados. Y eso, en mi opinión, ha excedido la jurisdicción de la Corte en este caso”. Incluso se dice que varios jueces de La Haya, como el brasileño, el japonés y el marroquí, eran enemigos de Colombia por desplantes que, consciente o inconscientemente, les hicimos… Falló la diplomacia colombiana en los últimos años en aspectos fundamentales. No solo en lo que pasó con esos jueces, que es cierto, sino en la equivocación de la Canciller de haber hablado de un fallo salomónico.

Usted envió sobre eso una carta personal al Presidente…

Que desafortunadamente filtraron; tuvo que ser desde la Presidencia. En ella preguntaba si la expresión “fallo salomónico” era para ablandar a la opinión pública o fue que a la Canciller se le salieron esas palabras. Eso generó que el fallo fuera por unanimidad.

Bajo su gobierno, usted pudo haber denunciado el Pacto de Bogotá, que nos amarraba al Tribunal de La Haya…

El expresidente Samper, en su gobierno, había contratado a un grupo de abogados que concluyeron, según tengo entendido -porque ese informe jamás nos lo entregaron durante el empalme-, que la posición de Colombia era muy frágil en el pleito con Nicaragua.

¿Si Samper no lo hizo, por qué no lo denunció usted?

El canciller Fernández de Soto me propuso que lo hiciéramos. El único que lo propuso antes de nosotros fue, en 1995, el expresidente López, quien -dicho sea de paso- fue el que, como canciller de Carlos Lleras, nos metió en el Pacto de Bogotá al ratificarlo. Colombia siempre ha manejado sus asuntos internacionales como una política de Estado. Sin importar las diferencias ideológicas que puedan coexistir en la Comisión de Relaciones Exteriores, en la cual están representados todos los expresidentes de la República y el Congreso, para generar un consenso alrededor de una política de Estado. Por eso cuando el canciller Fernández de Soto me propuso denunciar el Pacto de Bogotá, le pedí que consultara con todos los expresidentes y los excancilleres. No hubo consenso. Varios de los expresidentes dijeron que ese no era el mecanismo.

¿Se ha quebrantado esa política de Estado en los asuntos internacionales de Colombia? La oposición del expresidente Uribe ha sido durísima…

Este es el fin de esa política de Estado. Es muy triste porque siempre la hemos mantenido. Pero además, discrepo del presidente Uribe en que no podemos dar señales internacionales de que no somos respetuosos del derecho. Eso es equivalente a promover la ilegalidad en Colombia. Si un expresidente propone desacatar un fallo internacional, ¿por qué cualquier colombiano va a acatar el de un juez nacional cuando lo considere injusto?

El Congreso intentó llamar a declarar a los expresidentes…

Se extralimitaban en su jurisdicción. Los documentos de la Asesora son secretos y su reserva está cobijada por la ley. La citación del Congreso a los expresidentes Betancur, Gaviria, Samper, Pastrana y Uribe implicaba levantar esa reserva. Además, en la Asesora está representado el Congreso. Nunca nadie estuvo en desacuerdo con lo que se trazó frente a Nicaragua y a otros temas internacionales.

¿Y si el Procurador pide las actas?

Me parece un error que la Canciller entregue esas actas a la Procuraduría. Eso trae consigo el fin de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores. Nadie va a volver, si se revela todo lo que supuestamente es secreto. Estamos aún en la mitad de otro proceso ante la Corte, por una demanda de Ecuador. ¿Vamos a destapar nuestras cartas? ¿Vamos a contarle al mundo qué fue lo que discutimos los expresidentes? Ese es un espectáculo deplorable. Son discusiones de seguridad interna de Colombia. Con todo respeto del Procurador, ese es un acto violatorio de la ley.

¿Si ni el Procurador ni el Congreso, según usted, pueden ordenar levantar la reserva de la Asesora, quién puede?

Solamente una decisión de común acuerdo entre el Presidente y los miembros de la Asesora. Hasta hoy no he sido consultado, no sé si lo han hecho con los otros.

Se supone que el fallo de La Haya no tiene apelación. ¿Usted entiende por qué estamos contratando un bufete de abogados ingleses?

¿Y cuánto están cobrando los abogados internacionalistas colombianos? El fallo es inapelable. Lo que hay que hacer muy rápidamente es sentarnos con Nicaragua a discutir cómo vamos a proteger los derechos de nuestros pescadores y explotar de manera conjunta la plataforma que tenemos común. Y en cuanto al tema del narcotráfico, los norteamericanos y los mexicanos tienen que estar muy preocupados de que se vaya a perder todo el esfuerzo. No porque Nicaragua no pueda, sino porque no tiene cómo proteger ese corredor, que es la autopista de los narcos.

¿Qué va del Caguán a La Habana?

Es exactamente lo mismo. Incluyendo las consultas con la sociedad civil, que nosotros hicimos permanentemente. La diferencia es que la zona de distensión hoy se llama Oslo y Cuba.

Con todo respeto, sí es distinto, porque las Farc delinquían en la zona de distensión. A La Habana no las dejan llevar secuestrados ni carros robados…

¿Si las Farc delinquían en la zona de distensión, de quién era la culpa?

De su Gobierno.

Del Gobierno por confiar en el Comandante del Ejército, que tenía la obligación y la orden de sitiar la Zona de Distensión. ¿Y quién era su comandante? El general Mora Rangel, quien está sentado hoy en Cuba. La orden por escrito que le di a él fue: nadie entra y nadie sale. Si hubo actos ilegales en la zona de distensión fue porque el Comandante del Ejército incumplió esa orden que yo le di.

Según las encuestas, el país no confía mucho en este proceso de paz…

Eso me preocupa. Andrés Pastrana fue elegido para hacer la paz; tratamos como nadie de hacerla, y me apoyó el 100% del país. No la logramos. Uribe fue elegido para hacer la guerra, y la mayoría del país lo apoyó. Hizo la guerra durante 8 años. ¿Hoy qué está pasando? Que frente al proceso de paz, el país está dividido: 70-30, o 60-40, no importa. El hecho es que el presidente Santos no tiene el apoyo nacional porque el país está escéptico. Un sector del pueblo siente que no le dio ese mandato. Y quienes así piensan son radicales. Están en la extrema.

¿Cree que el Presidente no debió meter al país en este nuevo experimento?

Por el contrario. Si hay alguien que está feliz es Andrés Pastrana. Este es el reconocimiento de que mi esfuerzo iba en la dirección correcta. Que hablar de paz no era debilitar el Estado. Mientras yo hablaba con la guerrilla, fortalecí al Ejército colombiano como nunca en su historia, recuperé la economía, implementé el Plan Colombia y dejamos en alto el nombre del país.

¿Está de acuerdo con que los ganaderos no estuvieran en las mesas agrarias?

La paz es de todos. Del país. Por lo tanto, todos tenemos que aportar. El problema más difícil no es hacer un proceso de paz, sino tener la capacidad de perdonar. ¿Estamos dispuestos a perdonar? Si no lo estamos, nunca tendremos paz. Prefiero a Petro en la alcaldía de Bogotá, con las críticas que le quepan, que echando bala.

Y hablando de Petro… usted privatizó las basuras. ¿Qué opina de regresar a un esquema de recolección mitad estatal?

Desastre. Aunque no soy nadie para darle consejos al alcalde, me atrevo a darle uno: cuando los problemas están resueltos, no los creemos. A mí me eligieron alcalde para eso. No las privaticé en la totalidad. Como la Edis parecía solo ser capaz de recoger el 60% de la basura, le entregamos el 40% a los particulares. Muy pronto se hizo evidente que estos eran mucho más eficientes. Por eso desapareció la Edis.

Les pido a las autoridades que investiguen a los operadores privados. Porque si Petro los volvió a contratar por 20%, según dice, eso significa que estos “paramilitares y mafiosos” nos estaban robando con las tarifas…

Eso es lo que no se entiende. Si era así, pues aplíqueles la cláusula de los contratos. ¿Y qué va a pasar con toda la plata que está invirtiendo la alcaldía en alquilar unos camiones usados y sanitariamente sospechosos? El problema estaba resuelto. Petro volvió a crearlo.

Presidente: casi el objeto de esta entrevista es preguntarle por sus graves denuncias sobre Chiquita Brands. ¿En qué consisten?

Todas las informaciones indican que bajo mi gobierno, entraron 14.000 fusiles para los paramilitares por Urabá. Hay evidencia clara y concreta de cómo una compañía multinacional patrocinó, financió y armó a grupos paramilitares que en buena parte se crecieron en mi gobierno por eso.

¿Es cierto que el actual fiscal general de los EE. UU. era el abogado de Chiquita Brands?

¡Imagínese eso! Chiquita acepta haber patrocinado grupos paramilitares en Colombia y con ayuda de su abogado, el actual Attorney General de los EE. UU., solo le imponen una multa. ¿De qué estamos hablando?

¿Qué podemos hacer para que la actuación de Chiquita no quede en la impunidad?

Desde marzo del 2007 le envié al fiscal de entonces, Mario Iguarán, una carta solicitándole que se abriera una investigación y, si fuera del caso, pedir en extradición a los culpables. Le pido al fiscal Eduardo Montealegre que le haga seguimiento a este caso, porque además nos hemos venido a enterar de que a la fiscal que había estado investigando a Chiquita la botaron.

¿Me dicen que usted se la pasa visitando a Popeye en la cárcel. ¿Para qué?

Lo he visitado una vez porque tengo el interés de escribir un libro, no de memorias. Por cosas de la vida he sido protagonista de hechos claves en la política de este país. Mi secuestro, los narcocasetes, el proceso de paz del Caguán, y de la Nueva Fuerza cuando nos convertimos en contrapeso del M-19 en el Congreso después de la Constituyente. Vale la pena escribir la historia de verdad. Estoy hablando con Popeye para compartir informaciones acerca de mi secuestro, porque él fue el encargado de secuestrarme.

¿En ese libro sabremos quién le entregó los narcocasetes?

Tengo muchas cosas que contar en ese libro. Muchas de ellas han salido a flote con el paso del tiempo. Por ejemplo, que mucho antes de la elección que compró el Cartel de Cali, el presidente Gaviria y su ministro de Defensa conocían los casetes que las agencias subalternas grabaron durante meses.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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