Fiebre de esmeraldas por guaca encontrada en carretera de Boyacá.

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Trabajadores realizaban labores de rutina en el sector conocido como Nariz del Diablo.

La cultura del guaquero reza que quien encuentra una piedra no revela detalle alguno de su ubicación. Eso sucede desde el viernes en Pauna (Boyacá), municipio distante tres horas y media de Tunja.

Según cuenta el propio alcalde Ómar Casallas, tres obreros que abrían un hueco el viernes para instalar un muro tipo Keyston -una especie de pilote que soporta una estructura en un área inclinada- hallaron esmeraldas.

Realizaban labores de rutina en la vereda Topico y Quibuco, en un sector conocido como la Nariz del Diablo, a ocho kilómetros del casco urbano. Estas obras hacen parte de la Transversal de Boyacá, vía que va a comunicar a Puerto Boyacá con Otanche.

Mientras uno de ellos perforaba con un martillo hidráulico, vio una piedra verde que brillaba. De inmediato, el sonido de las máquinas se enmudeció.

Pasaban las cuatro de la tarde y aunque su jornada pronto iba a finalizar, se prolongó, de manera callada, durante toda la noche.

El sábado la noticia ya era
inevitable. El rumor llegó no solo hasta el último rincón del pueblo sino que se conoció en municipios vecinos como Maripí, Quípama y Muzo. Esa noche empezaron a llegar más visitantes que de costumbre.

“El domingo nos enteramos de la noticia por la cantidad de personas que empezamos a ver que llegaban al pueblo. Todos tenían un destino común: la Nariz del Diablo. Bajamos hasta el sitio, donde había por lo menos unas 500 personas buscando desesperadamente las piedras preciosas entre los huecos que habían dejado los trabajos de la semana”, añadió el alcalde Casallas.

Al sitio fueron enviados varios policías para proteger la integridad de la comunidad, teniendo en cuenta que se trata de un terrero escarpado, en una caída de casi 500 metros, con una inclinación de unos 85 grados.

A pesar de la romería y del silencio con el que se manejan los hallazgos, el alcalde tuvo ayer acceso a dos rocas negras, que contienen una especie de surcos verdes. Una de ellas se habla que fue adquirida en 4 millones de pesos y será enviada a Estados Unidos. Según Casallas, la otra piedra, un poco más pequeña, será utilizada para adelantar estudios que permitan identificar su pureza.

Hoy no hay otro tema distinto en el pueblo que la guaca que hallaron tres humildes mineros. La expectativa es tan grande que, según el alcalde Casallas, luego de obtener los permisos respectivos se podría convertir en la fuente de trabajo más grande de esta localidad. El municipio tendría su propia mina de esmeraldas.

Aún así, los trabajos en la vía se mantienen. De los afortunados obreros no se conoce su identidad, aunque se dice que vendieron su botín. Entre voces hablan de que habrían recibido unos 50 millones de pesos.

En la noche del martes, en medio de una fuerte tempestad, decenas de personas se resguardaban bajo plásticos en su incansable búsqueda de rocas que les den esa luz verde que esperan.

Harvey Yecid Medina Enviado especial de EL TIEMPO

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