Mercenarios, votos y cédulas

Una empresa que enviaba mercenarios colombianos a Irak, y que a la vez había tenido millonarios conflictos con la Registraduría, está detrás del despelote en el conteo de los votos en las últimas elecciones.

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Hace cuatro años la principal contratista para transmitir información electoral suministraba mercenarios para Irak. En ese momento, los hombres enrolados a través de ID Systems aseguraban en SEMANA que los estafaron pues no les pagaron lo prometido

Todos los involucrados intentaron culpar a los demás de los problemas que se produjeron en la pasada jornada electoral. La Registraduría apuntó hacia la empresa UNE, con la que contrató los servicios de transmitir, consolidar y divulgar los datos a través de Internet. A su vez, esta empresa anunció que debía esperar la respuesta de sus subcontratistas para poder explicar lo sucedido. Y al día siguiente una de estas compañías, Arolen, la encargada de divulgar a través de la web, asumió la responsabilidad de lo que calificó como “un pequeño problema en la divulgación de los resultados”. Y luego interpuso una denuncia en la Fiscalía por haber sido víctima de un ataque informático que bloqueó su trabajo. La responsabilidad se fue diluyendo hasta llegar al sabotaje de un misterioso hacker.

Sin embargo, al revisar las etapas del proceso de conteo de los votos queda en evidencia que el caos se produjo, en buena medida, por cuenta de un cuello de botella en la transmisión de resultados de Bogotá, el lugar del país donde paradójicamente hay mayores facilidades tecnológicas y de comunicación.

A las 11 de la noche del domingo electoral, hora en que la Registraduría había anunciado que daría a conocer el 95 por ciento de los resultados, el consolidado nacional sólo iba por el 70 por ciento y Bogotá apenas se acercaba al 40, lo cual era muy grave por el peso que tiene la capital del país en el total de la votación. La empresa que tenía a cargo esta tarea se llama ID Systems S.A. Tres días más tarde, el Consejo Nacional Electoral le ordenó a esta firma detener los escrutinios hasta que reemplazara su software por uno más adecuado y finalmente ID Systems le delegó el trabajo a otra compañía.

Lo llamativo es que esta empresa había estado en el centro de un curioso debate hace cuatro años. En ese entonces 35 mercenarios colombianos atrapados en Bagdad denunciaron a SEMANA que ID Systems y su principal accionista, José Arturo Zuluaga, los habían estafado y les habían quitado sus tiquetes para impedirles cualquier posibilidad de regresar al país.

La sede de ID Systems en el barrio Teusaquillo de Bogotá, ahora atiborrada de documentos, discos de computadoras y videobeams, fue el centro de encuentro de los mercenarios que concurrían ilusionados ante la oferta de millonarios pagos que, según las quejas, luego no recibieron.

En ese momento ID Systems actuó como subcontratista de la multinacional de seguridad y defensa Blackwater, empresa que siempre aseguró que sí pagaba lo ofrecido por cada mercenario enviado desde Colombia, y que no podía responder si la filial no les entregaba el dinero a sus hombres. Los mercenarios contaron que Zuluaga los llamó a Bagdad y por el altavoz les dijo que “esto es un negocio y que él tenía que ganarse una plata por cada hombre”.

Quien coordinaba esta operación en ID Systems era el capitán Gonzalo Guevara, asesinado en Bogotá un año después. Una de las hipótesis de las autoridades que investigan el crimen es que tuvo que ver con su participación en el negocio con los mercenarios.

En la trayectoria de esta empresa hay otro hecho que llama la atención. En sus registros mercantiles antes tenía otro nombre -Erisan- bajo el cual logró un millonario contrato con la Registraduría para fabricar las cédulas de ciudadanía en los años 90. Las identificaciones producidas por esta compañía fueron aquellas de color café, que se emitieron entre las viejas plastificadas y las actuales. La firma alcanzó a producir siete millones de documentos de identidad entre 1993 y 2000. En la Registraduría recuerdan que hubo una situación controvertida cuando terminó su contrato y Zuluaga no entregó las claves que le permitían al Estado acceder a los millones de datos que quedaron en la memoria de sus equipos, a los que coloquialmente llamaban ‘la rockola’. Después de mucho tiempo sólo fue posible abrir estos archivos en Estados Unidos. Esto coincidió con varios escándalos cuando se supo que información vital de los colombianos estaba llegando de forma clandestina a empresas gringas.

SEMANA intentó el viernes en la tarde hablar con Zuluaga, o alguno de sus socios, y explicaron que “habían salido de puente fuera del país a un merecido descanso”. Nadie más accedió a hablar sobre ningún tema.

Curiosamente en la información que entregó ID Systems a UNE para ser seleccionado como contratista en estas elecciones no mencionó su anterior trabajo como fabricante de cédulas. Allí llegó acreditando una experiencia en conjunto de la firma barranquillera DPS, con la que trabaja en unión temporal. En los hechos de la semana pasada, el Magdalena fue otra región que también presentó importantes retrasos. Allí, a las 11 de la noche, apenas se había transmitido el 19 por ciento de la información. Este departamento también estaba a cargo de ID Systems.

Una carta de la Procuraduría al Registrador cuatro días antes de las elecciones lo alertó por las fallas que se habían presentado en los simulacros electorales. Refiriéndose a la operación general del contrato de UNE, le escribió: “Se vislumbra un posible incumplimiento del objeto contractual por parte del contratista, que no sólo puede afectar de manera grave el proceso electoral sino atentar contra el patrimonio público”. SEMANA conoció que los problemas en los simulacros se presentaron en particular en zonas como Bogotá y Cundinamarca, a cargo de ID Systems.

Otro asunto también llamativo de la actividad de esta compañía es la aparente preocupación que tenía porque sus funcionarios trabajaran de forma adecuada en la jornada del domingo. Un comunicado interno del 13 de marzo, dirigido a todos sus colaboradores y escrito con el fin de clarificar “las dudas e incertidumbres” de muchos de ellos, se refiere en su mayor parte a que no se preocuparan por los pagos pues ellos responderían, y menciona que estaban revisando los acuerdos laborales que tenían. ¿Por qué se planteó un asunto tan importante justo en vísperas de las elecciones?

Hasta el viernes pasado al comienzo de la tarde, UNE no había podido explicar adecuadamente la actuación de ID Systems porque no había recibido la información que le había solicitado. Y mientras UNE no conozca su versión y haga el respectivo análisis de lo sucedido, la opinión pública seguirá sin resolver los graves interrogantes que dejaron los comicios del 14 de marzo. Y de paso, mantendrá sus inquietudes sobre la posibilidad de que las fallas no se corrijan para la crucial elección presidencial del 30 de mayo.
Fuente: Semana.com

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